Prosa de Julio C. Páez

Noviembre 3, 2008

Nueva novela de Julio C. Páez

Archivado en: Uncategorized — juliopaez @ 12:35 am

Estado de la cuestión, una novela actual que transcurre en Argentina, una historia sobre la imposibilidad del éxito en el fracaso colectivo, en http://estadodlacuestion.blogspot.com

Agosto 31, 2008

Música gratuita sobre poemas de Julio C. Páez

Archivado en: Uncategorized — juliopaez @ 6:48 pm
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El malentendido grupo Maelstromx1 interpreta música de Julio César Páez y, obviamente, la regala en http://www.esnips.com/web/cancionesleves y http://www.esnips.com/web/Spandau

Marzo 26, 2008

El Fénix, nouvelle negra de Julio Páez

Archivado en: Uncategorized — juliopaez @ 10:33 pm
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Dio vuelta a la esquina y Vogel no tuvo voluntad de seguirlo, además ya había descubierto a otro espécimen para ejercer su empatía a distancia. Una cuarentona elegante enfundada en un tailleur verde musgo que parecía tener dificultades en cargar con un portafolio seguramente repleto de papeles importantes. ¿ Qué historias llevaría en su paso decidido? Tal vez una vida matrimonial de escasas satisfacciones sexuales, una hija adolescente demasiado parecida a ella y con la que competía consciente o inconscientemente…, las posibilidades eran innumerables. La mujer notó que la estaba observando y aquella comprobación no pareció tomarla por sorpresa o molestarla. Vogel se levantó del banco y caminó hacia la calle, cruzó adelante de un colectivo y encaró a la mujer- Hola,¿ podemos hablar un momento?
La mujer se detuvo y sonrió- ¿ No te parece que es demasiado temprano para estas cosas?
- La verdad que me parece temprano para cualquier cosa, pero no me preocupo, algunas mañanas a esta hora me parece tarde para todo…
La mujer lo observó, y Vogel hizo lo mismo. El rostro de la mujer estaba bronceado, los ojos azules estaban rodeados de las patas de gallo imprescindibles, el pelo rubio caía sobre los hombros en una lacia y corta melena.
- ¿ Y entonces?
- Supongo que tendrás un número de teléfono…
- Claro que lo tengo, pero no sabrías a quien llamar…
- Decime tu nombre entonces, yo soy Vogel.
- Supongo que no es tu nombre.
- Bueno, de alguna manera sí, ¿ y el tuyo?
La mujer sacó una tarjeta de uno de los bolsillos del tailleur y se lo alcanzó.- Este es el teléfono de mi estudio, podés llamarme a la noche, voy a estar trabajando… Soy Patricia.
- Te llamo. -prometió Vogel y guardó la tarjeta en un bolsillo de la campera.
- Hasta luego. -saludó Patricia y se alejó.
-Hasta luego entonces. –saludó Vogel y apreció que los glúteos aparecían firmes bajo el género de la entallada pollera. Ahora es el momento en que tengo que girar y encarar a la cámara con expresión ganadora, pero no lo voy a hacer. ¿ Qué había impulsado a Vogel a encarar a la mujer? A menudo solía interrogarse en tercera persona sobre sus acciones en un intento por descomprometerse de la situación y objetivarse. Sonreía a menudo recordando que era un procedimiento similar al que utilizaban Menem y Maradona para referirse a sí mismos. Caminó hasta la agencia sin responderse, Rodriguez le entregó las llaves, los documentos del auto y la planilla. La comunicación entre ellos era fluida aunque casi siempre excluyera las palabras.
Sonó el teléfono.
-Debe ser esa de nuevo. -comentó Rodriguez y levantó el tubo- Agencia…, buenos días. Sí, sí, esta aquí. La dirección es… -tomo nota de la dirección- … correcto, ya va para allá. -cortó la comunicación y miró irónicamente a Vogel- No sé que habrás hecho, pero la mina que llevaste ayer al centro, esa que se bajó aquí y que dejó locos a los muchachos, llamó antes dos veces y pidió un auto siempre y cuando fueras vos el que manejara… -le entregó la tarjeta.
Vogel se quedó paralizado, su éxito con las mujeres parecía aparecer con fuerza abrumadora- La verdad es que me parece que estoy exagerando… -comentó antes de salir y dirigirse hacia el auto.
Rodriguez sonrió y lo vio alejarse en el 505.

Marzo 3, 2008

El fénix, nouvelle negra de Julio Páez, 3.

Archivado en: Literatura — juliopaez @ 12:41 am
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Basta de flashbacks, se ordenó. Encendió el televisor y la video y puso una película. Lo despertó el radio-reloj, se levantó, duchó y afeitó, (la prolijidad era el primer paso en la lucha contra la depresión), se peinó y marchó hacia la cocina. Tomó un café negro y unas tostadas con mermelada de tomate. Bajó y caminó hasta el quiosco de diarios, compró Página 12, Clarín y La Nación, luego siguió unas cuadras hasta la escuela donde ejercía la titularidad en un par de Cuartos Pedagógicos como profesor de Introducción a la Filosofía. Sabía que disponía del tiempo suficiente para leer los artículos que le interesaran antes de que sus educandos contestaran la única pregunta que les había planteado en el trabajo práctico de. Cuando concluyó, dijo- Entreguen, por favor. -los alumnos entregaron las hojas y un minuto después tocó el timbre que marcaba la finalización de la hora. Se despidió con frialdad y los alumnos respondieron de la misma forma; cuando salió al patio saludó con una inclinación de cabeza a dos colegas que salían de las aulas, caminó hasta la puerta y salió. Mientras se dirigía hacia el bar donde solía hacer su segundo desayuno y tomaba apuntes de lo que alguna vez iba a ser su obra, fue hojeando los trabajos entregados. Como había previsto, apenas un par llegaban a insinuar una respuesta adecuada al interrogante planteado; el resto variaba entre la incomprensión estudiada y el más completo desinterés. Eso lo tranquilizó, nada de sobresaltos.
Cuando entró en el bar, Pepe lo saludó e hizo un gesto de interrogación con su mano derecha, Vogel levantó el índice de su mano derecha. Pepe supo que el cortado doble con el par de medialunas debía ser acompañado con un cognac simple.
Vogel acomodó los diarios y las evaluaciones sobre una silla y extrajo la libreta de apuntes del bolsillo de su campera; hacía rato que aquella reflexión no avanzaba, sólo se reiteraba en diferentes registros, las palabras variaban pero los conceptos estaban anclados, parecía que su pensamiento operaba según una rara dialéctica de retroceso, la síntesis a menudo se transformaba en la tesis levemente pervertida por la acción de la antítesis.
Pepe lo interrumpió acarreando la bandeja con su desayuno tardío-Y,¿ cómo va el trabajo? -preguntó con interés sincero.
-No muy bien.
-El viejo dice que tienes buena cabeza y que algún día muchos hablarán de vos con admiración…
-Tu viejo es un idealista… ¿cómo anda?
- Bien, se empecina en vivir como un condenado y cada tanto putea porque no lo vas a ver…
-Pronto lo voy a visitar, mandale un abrazo.
-Sí, claro, tu discúlpame por preguntarte pero me interesa…
-No, no hay problema, te aseguro que cuando tengo algo más o menos claro te lo voy a decir…
-Bueno, te dejo, no quiero servirte de excusa para no trabajar…
Pepe se alejó y dejó solo a Vogel frente a su desayuno, comió una medialuna mirando a la gente que estaba en el café. Un cuarteto de vendedores de servicios organizando su diagrama matutino de clientes, dos jubilados que jugaban al ajedrez y una pareja que mantenía una discusión asordinada. Encendió su pipa y bebió un sorbo de cognac, volvió a los apuntes. Hacía tiempo que sospechaba que jamás desarrollaría un trabajo teórico original y de alguna coherencia; pero se decía que debía seguir intentándolo, a pesar de que algunas veces considerara que el pensamiento filosófico en la Argentina no tuviera utilidad alguna. Un lugar donde las Humanidades son algo así como una alfombra persa o un jarrón de la dinastía Ming. O pensándolo bien, algo mucho menos interesante, con mucho menos prestigio y valor que esos objetos, que, en todo caso, dan referencia ostensible de cierto refinamiento y poder adquisitivo.
Vació la pipa en el cenicero y sacó la billetera del bolsillo interior de su campera, dejó un billete y salió. La mañana seguía siendo fría y temprana, faltaban más de dos horas para tomar su turno en la agencia. Casi siempre había sido así, demasiado tiempo sin objeto y demasiado poco con alguna pasión. Caminó hasta la plaza San Martín y se sentó en un banco: el espectáculo era el habitual, como de costumbre se sorprendió del convencimiento con que la gente cumplía sus ritos cotidianos, su capacidad para administrar la pasión en cuotas, o al menos para disimular su ausencia. Casi inmediatamente la imagen de la pasajera del día anterior lo deslumbró con potencia, ella era la pasión… mejor no pensar en ciertas cosas… jugó un truco que cada vez dominaba mejor, la comprensión evasiva. Eligió a un viejo que caminaba por la vereda de enfrente, su aspecto no era brillante, traslucía demasiado su condición de jubilado, aunque había algo de dignidad meditabunda en su paso cansado, no tenía esa confianza de autómata que es el matiz característico de los adultos, y aún de algunos niños, que circulan por la ciudad a esa hora. El viejo parecía tener consciencia de la inutilidad de casi todo, consciencia que parecía patear hacia adelante para retomar su pequeña fe en el asunto que lo había llevado a caminar.

Marzo 2, 2008

Novelas completas de Julio C. Páez, La encrucijada y Ubicuhén.

Archivado en: Literatura — juliopaez @ 4:51 pm
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La encrucijada, una novela de terror pervertido en http://laencrucijadanovela.blogspot.com
Ubicuhén, una novela fantástica sobre los espacios urbanos en http://ubicuhen.blogspot.com

Marzo 1, 2008

El fénix, una nouvelle negra de Julio Páez, capítulo 2.

Archivado en: Uncategorized — juliopaez @ 10:05 pm
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Cuando Vogel se acercó a ellos, las alusiones a su pasajera fueron abundantes, floridas y obscenas. Pero para no parecer distante o universitario, Vogel festejó algunas con una sonrisa que pretendió ser simpática. Nunca había comprendido esa costumbre de exhibirse como machos dominantes que tienen algunos varones cuando hablan entre ellos, más aún conociendo sus situaciones reales y la opresión que sus legítimas esposas ejercen sobre ellos. Hasta había escrito un par de artículos sobre el asunto en unos fanzines progres a mediados de los ochenta. Publicaciones que ninguno de sus compañeros había llegado a sospechar, sus lecturas no excedían el marco literario de El Clarín deportivo u Olé. Se tomó un café en la agencia y luego fue convocado para otro viaje, también a Capital, (parecía que ese era su día de suerte). Una anciana que tomaba un remís para concurrir a la concentración de los jubilados en plaza Congreso. Qué buena propaganda oficialista. Los jubilados que fomentan los disturbios y el desorden son precisamente aquellos que puedan darse lujos, activistas, meros activistas que apuntan a desestabilizar la convertibilidad movidos por oscuros e inconfesables intereses. No pudo evitar sonreír ante sus pensamientos.
La mujer dijo-Mi marido me dejó en una buena posición, pero que yo esté bien no me autoriza a despreocuparme de los pobres que cobran la jubilación mínima.
Vogel notó que la mujer era inteligente y susceptible, entonces dijo- Estoy completamente de acuerdo con usted.
-Como sonrió…
-No, no sonreía por lo que me había dicho usted, no directamente.
La mujer lo miró atentamente y enunció- Usted no es sólo un remisero.
-Creo que ningún remisero es simplemente un remisero. -respondió Vogel con astucia.
-Vamos, jovencito, ahora no se haga el tonto… -le pidió la pasajera sonriendo- …viajo habitualmente en remises, y conozco la forma habitual de expresarse de los choferes, no puedo dejar de tenerlo en cuenta, al fin y al cabo, soy un profesora de Literatura jubilada.
-Me rindo entonces, es cierto, no soy Clark Kent, soy Licenciado en Filosofía… no quiero deslumbrar al mundo y oculto mi personalidad tras este humilde oficio…
- Ya me parecía, me llamo Lucía.
- Vogel, mucho gusto. -se presentó, e ironizó sobre la adversidad de su suerte: la mina que estaba bárbara le había negado toda posibilidad de acercamiento, y la jubilada estaba deseosa de, al menos, hablar con él.
Lucía comentó- Veo que tiene usted un gran sentido del humor, constantemente encuentra motivos para sonreír
-Es una de las pocas virtudes que conservo: mi sentido del humor, aunque debo confesarle que tiende a tornarse cada vez más enfermizo.
-Eso es algo que sólo usted puede saber…
Lucía se volvió hacia la ventanilla y se mantuvo en silencio durante unos minutos.
-Espero que nada de lo que dije la haya molestado.
- ¿Qué?, no, de ninguna manera… estaba pensando en como nos apegamos los argentinos a las tradiciones, aunque actualizadas, antes los graduados universitarios manejaban taxis, ahora remises, después dicen que la Argentina no progresa.
Vogel rió a carcajadas, cuando se calmó, comentó- Creo que llevo a la pasajera más indicada.
- Mi sentido del humor siempre fue enfermizo.
A pocas cuadras del congreso comenzaron a verse los dispositivos del aparato de seguridad: patrulleros, camiones de la guardia de infantería, motocicletas.
Lucía los observó con detenimiento y Vogel preguntó-¿ No la asustan?
-Sí, claro, ¿ pero qué se puede hacer? No hacemos más que reclamar por lo que nos corresponde,¿qué otra cosa se puede hacer?
Vogel la dejó a una cuadra de la plaza y le pidió que se cuidara, Lucía prometió hacerlo lo mejor posible. Mientras conducía de regreso la imagen de la morocha apareció en su cabeza con potentes flashes, en un primer momento fingió que eso lo irritaba pero luego admitió que era una molestia grata. Hizo un par de viajes más con pasajeros que consideró intrascendentes, volvió a la agencia, estacionó el auto y bajó. Le entregó la planilla y el dinero a Rodriguez, el encargado, y este le dio el porcentaje correspondiente. Vogel dejó el auto y se fue caminando hasta su departamento, saludó a dos vecinos que hablaban en la puerta del edificio, y subió.
Se sacó las botas y se tiró sobre el sofá, de a poco la oscuridad fue inundando el recinto, dejó que su mente vagara sin fijarse en idea alguna. En cinco minutos estuvo en un estado mental eficazmente lejano del sueño o la vigilia: se dedicó admirar las imágenes que sin lógica se sucedieron en su atenuada consciencia.
Se incorporó de a poco, encendió la luz y esperó que sus ojos se acostumbraran a la claridad. Lucrecia había realizado, como era su costumbre, una tarea eficaz y minuciosa: todo estaba limpio y ordenado. Una vez más sintió lo que denominaba su culpa ideológica: la sensación de que no era más que un pequeño burgués explotador. Era un sentimiento que nunca había comentado con nadie, y aunque no se atreviera a admitirlo, era por temor a las burlas que pudiera concitar. Resolvió que podía archivar esas reflexiones mientras se servía un Smuggler con hielo. Miró el estante de las películas y notó que había grabado del cable cinco películas. Esto se agrava, no sólo compro libros que no leo ahora también gasto guita al pedo en cintas. Ese pensamiento lo llevó a replantearse qué quedaba de su vocación de filósofo, esa pasión que lo había arrastrado durante los cinco años de la Licenciatura, devorando no sólo los libros indicados por la cátedra, si no todos los que consideraba relacionados con el tema. Sus intervenciones en los prácticos habían sido brillantes, poco más que sus finales… él había sabido que había más que vocación de conocimiento detrás de aquella pasión, esa pasión era el único lastre contra la locura. La carga era demasiado densa, sabía de que estaba hecha pero no quería hacerla consciente porque lo arrastraría a donde no quería llegar. Un infierno demasiado conocido: el alcohol le había permitido zafar de las intensidades y la variedad de aquel dolor, pero casi lo había hecho zafar de todo, de cualquier cosa… y, lamentablemente, lo había hecho sin que persona alguna lo percibiera, o al menos hiciera evidente esa percepción. Su último final: Filosofía Contemporánea, lo había dado borracho, y su nota, previsible e indefectiblemente, había sido diez. La fiesta en la que participó después con sus compañeros había sido una buena oportunidad para dejar de fingir una sobriedad un tanto amaquietada. Y luego los sueños; todas las ocasiones en que había despertado en medio de la noche con carcajadas histéricas: Marx discutiendo con Sócrates en un sórdido campo de batalla malvinense, Sartre discurriendo sobre el ser con un distraído Galtieri, etc.

Febrero 24, 2008

El fénix, una nouvelle negra de Julio Páez.

Archivado en: Uncategorized — juliopaez @ 4:22 pm

1. Un viaje más desde Quilmes hasta Capital, Vogel detestaba manejar en la ciudad de Buenos Aires, aunque quizá sea más exacto decir que odiaba manejar en cualquier sitio; en el mejor de los casos conseguía anestesiarse diciéndose que era lo mejor que podía hacer para vivir con alguna dignidad. Su Licenciatura en Filosofía le producía el escaso dinero de la Ayudantía y un tremendo sentimiento de inutilidad cuando intentaba redondear algún concepto filosófico en las cabezas de los estudiantes de secundario, (por ejemplo: hacerles entender algo tan complejo como el principio de exclusión del tercero). Así se había resignado a desarrollar uno de los oficios de moda en la Argentina de los 90: remisero.
La chica le había dicho que la llevara hasta una dirección en Avenida del Libertador, y que la esperara allí para traerla de regreso a Quilmes. En un primer momento, Vogel no había notado las características peculiares de su pasajera; cuando las percibió, su escaso interés profesional mutó en un elevado interés personal. La mujer medía más de un metro setenta e iba vestida con unos jeans rasgados a la altura de los muslos y una campera corta de gamuza azul sin abotonar, debajo llevaba una camisa blanca abierta hasta el tercer botón; los pechos, notables, se insinuaban apropiadamente. El pelo negro caía nomás hasta los hombros, el rostro de pómulos altos y labios estrechos, se iluminaba con ojos de un verde oscuro. El primer pensamiento consciente de Vogel al completar la visión fue: Estoy alucinando, esta mina no existe. Pero debió admitir que, efectivamente, existía, y volvía caminando por la vereda para subir de nuevo al auto; luego de abrirle la puerta, balbuceó-Qué rápido.
La mujer respondió-Sí, era un trámite muy sencillo. -luego se colocó los auriculares de su discman y clausuró toda posibilidad de diálogo. Vogel le dedicó algunas miradas a través del espejo retrovisor mientras conducía de regreso.
-Todavía no me dijiste a qué dirección querés que te lleve en Quilmes. -dijo con el volumen suficiente como para que ella comprendiera que estaba diciendo algo aun cuando no comprendiera el significado; la mujer se quitó los auriculares y dijo- Disculpame, pero no entendí lo que me decías…
-Decía que no me dijiste a qué dirección querías que te llevara…
- Ah, no te preocupés, dejame en la parada.
Cagamos, pensó Vogel. Sin terminar de resignarse pero cohibido, se animó-Espero que volvamos a vernos.
-Puede ser. – dijo la chica ambiguamente. Cuando el viaje terminó, pagó, saludó y bajó sin decir más.
Alguno de los compañeros de Vogel estaban en la puerta del local esperando ser convocados, y la vieron descender y alejarse

Febrero 17, 2008

Mis aventuras en la web literaria. Inferencias inestables.

Archivado en: Uncategorized — juliopaez @ 10:47 pm

Que es a todo lo que pude llegar, es decir a inferencias inestables desprovistas de casi cualquier tipo de originalidad, a saber:

1. Los sitios literarios de internet son muchos.

2. La mayoría dice dedicarse a la poesía.

3. En muchos de ellos lo expuesto no pretende acreditar el valor de lo estético sino dar expresión a sentimientos o sensaciones que se ven obturados en otros epacios.

4. Por el motivo anteriormente expuesto, la cortesía con el lector, si esta cosa existiera, no aparece casi nunca.

5. Escasean los comentarios sobre los textos publicados, y cuando aparecen, en general no se refieren explícitamente a la calidad literaria del texto en cuestión sino a la impresión que produjo, este tipo de comentarios permite dar lugar a la ambiguedad necesaria para evitar el conflicto y, también, claro, evitar el esfuerzo de desarrollar una argumentación más compleja.

Cabe sospechar, por otra parte, la siguiente formulación “No pego (o no pego duro) para que no me peguen”

6. La mayoría de los sitios literarios fenecen en poco tiempo, como expusimos anteriormente, siguen apareciendo en los listados pero con actividad nula.

7. Puedo ser culpable de una o más de las conductas descriptas.

8. No sé a quien demonios le puede interesar el punto anterior.

La cuestión de la prosa.

Archivado en: Literatura — juliopaez @ 6:11 pm

Es un artículo de Juan José Saer al menos polémico que es bueno releer si es que tenemos algún interés más o menos firme en los procedimientos del arte narrativo. Polémico porque intenta despojar a la prosa de su carácter eminentemente pragmático y utilitario que siempre está a merced de los poderes actuantes (estado, empresas, agencias de publicidad, etc), cito textualmente:”Debemos entender por pragmatismo una especie de concepción económica de la prosa, fundada en la noción de cantidad y calidad de sentido que un texto debe suministrar del mismo modo que la rapidez con que la suministra. Más económica-es decir más rentable-es una prosa cuando mayor es la cantidad de sentido que suministra (…)” y acercarla a los procedimientos que la poesía adquirió a partir de fines del siglo XIX y principios del XX (La poesía moderna se ha liberado, sacrificando a casi todos sus lectores -según lo que juzgan la pertinencia de un texto por la superioridad numérica de sus compradores-de esa servidumbre ideológica.

¿Por qué polémico? Porque, en palabras de Sartre:”El prosista escribe, es verdad y el poeta escribe también. Pero entre los dos actos de escribir no hay de común más que el movimiento de la mano que traza las letras. En lo demás, sus universos no tienen comunicación entre sí y lo que vale para el uno no vale para el otro. La prosa es utilitaria por esencia: definiría muy a gusto a un hombre que se sirve de las palabras (…)”, “El escritor es un hablador: señala, demuestra, ordena, niega, interpela, suplica, persuade. insinúa. Si lo hace huecamente, no se convierte en poeta por eso; es un prosista que habla para no decir nada”

Saer afirma que “todas las novelas que valen algo la transgreden”(refiriéndose a la prosa utilitaria con los atributos con que él la caracteriza), recuerdo a Kafka, a Hemingway, a Tolstoi y empiezo a constuir mi desacuerdo, pero, claro, es una cuestión opinable…

Febrero 16, 2008

Mis aventuras en la web. Ensayo. Segunda parte.

Archivado en: Literatura — juliopaez @ 4:14 pm

Procederemos al punto 2)Los grupos literarios (cabe aclarar que sólo
evalué los que aparecen en yahoo bajo la etiqueta de “creación
literaria” y ,únicamente, los que utilizan el castellano).
a)Son aproximadamente seiscientos (600), y el
que modero, (para quien le interese
http://ar.groups.yahoo.com/group/bancodepruebas)no aparece ni a los
premios (por ahí es un contundente caso de justicia informática).
b)Los dos hay de dos tipos: públicos y sólo
para miembros.
c)La mayoría de ellos tiene entre cinco y diez
miembros.
d)Hay muchos sin actividad reciente en los
últimos siete días, y hay algunos en los que la única actividad
registrada es la de un moderador que se esfuerza por mantener el
cuerpo casi exánime posteando con energía constante y cotidiana.
e)Hay algunos de una propuesta tan limitada
que se justifica el número reducido de sus miembros.
f)Abundan los que quieren o intentan (o creen,
el optimismo da tanto para un barrido como para un fregado) dedicarse
a la poesía.
H)Esto puede sonar obsecuente pero (los datos
así lo acreditan) factor serpiente es uno de los cinco que más
cantidad de miembros y actividad registran.

Conclusiones: Las dejo para otra ocasión
porque hace mucho calor y me está dando sueño. Buenas tardes.

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