Prosa de Julio C. Páez

Marzo 26, 2008

El Fénix, nouvelle negra de Julio Páez

Archivado en: Uncategorized — juliopaez @ 10:33 pm
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Dio vuelta a la esquina y Vogel no tuvo voluntad de seguirlo, además ya había descubierto a otro espécimen para ejercer su empatía a distancia. Una cuarentona elegante enfundada en un tailleur verde musgo que parecía tener dificultades en cargar con un portafolio seguramente repleto de papeles importantes. ¿ Qué historias llevaría en su paso decidido? Tal vez una vida matrimonial de escasas satisfacciones sexuales, una hija adolescente demasiado parecida a ella y con la que competía consciente o inconscientemente…, las posibilidades eran innumerables. La mujer notó que la estaba observando y aquella comprobación no pareció tomarla por sorpresa o molestarla. Vogel se levantó del banco y caminó hacia la calle, cruzó adelante de un colectivo y encaró a la mujer- Hola,¿ podemos hablar un momento?
La mujer se detuvo y sonrió- ¿ No te parece que es demasiado temprano para estas cosas?
- La verdad que me parece temprano para cualquier cosa, pero no me preocupo, algunas mañanas a esta hora me parece tarde para todo…
La mujer lo observó, y Vogel hizo lo mismo. El rostro de la mujer estaba bronceado, los ojos azules estaban rodeados de las patas de gallo imprescindibles, el pelo rubio caía sobre los hombros en una lacia y corta melena.
- ¿ Y entonces?
- Supongo que tendrás un número de teléfono…
- Claro que lo tengo, pero no sabrías a quien llamar…
- Decime tu nombre entonces, yo soy Vogel.
- Supongo que no es tu nombre.
- Bueno, de alguna manera sí, ¿ y el tuyo?
La mujer sacó una tarjeta de uno de los bolsillos del tailleur y se lo alcanzó.- Este es el teléfono de mi estudio, podés llamarme a la noche, voy a estar trabajando… Soy Patricia.
- Te llamo. -prometió Vogel y guardó la tarjeta en un bolsillo de la campera.
- Hasta luego. -saludó Patricia y se alejó.
-Hasta luego entonces. –saludó Vogel y apreció que los glúteos aparecían firmes bajo el género de la entallada pollera. Ahora es el momento en que tengo que girar y encarar a la cámara con expresión ganadora, pero no lo voy a hacer. ¿ Qué había impulsado a Vogel a encarar a la mujer? A menudo solía interrogarse en tercera persona sobre sus acciones en un intento por descomprometerse de la situación y objetivarse. Sonreía a menudo recordando que era un procedimiento similar al que utilizaban Menem y Maradona para referirse a sí mismos. Caminó hasta la agencia sin responderse, Rodriguez le entregó las llaves, los documentos del auto y la planilla. La comunicación entre ellos era fluida aunque casi siempre excluyera las palabras.
Sonó el teléfono.
-Debe ser esa de nuevo. -comentó Rodriguez y levantó el tubo- Agencia…, buenos días. Sí, sí, esta aquí. La dirección es… -tomo nota de la dirección- … correcto, ya va para allá. -cortó la comunicación y miró irónicamente a Vogel- No sé que habrás hecho, pero la mina que llevaste ayer al centro, esa que se bajó aquí y que dejó locos a los muchachos, llamó antes dos veces y pidió un auto siempre y cuando fueras vos el que manejara… -le entregó la tarjeta.
Vogel se quedó paralizado, su éxito con las mujeres parecía aparecer con fuerza abrumadora- La verdad es que me parece que estoy exagerando… -comentó antes de salir y dirigirse hacia el auto.
Rodriguez sonrió y lo vio alejarse en el 505.

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